miércoles, 18 de marzo de 2009

renglones

La vida está cargada de ideas fáciles.

Estructuras simples.

El almanaque, por ejemplo: Lunes hoy ayer.

Naciendo entre nombres, madres.

Bajo el sol: me ama o no me ama.

Presuponiendo una canción de luto.


Pasa que el momento tiene un olvido liviano.

Es una lástima que esa sencillez nos deje por ahora.

Flota el viento que pasó

y en tiempos de vida

el aire es toda mi identidad.


Por eso, procuro aprehenderme.

Averiguar de quién son mis gestos.

Qué es lo que viene de mí.

Qué es lo que se pierde en el otro.


Ideas leves

confusas, altas, ciegas.

Hilos que se enroscan arriba.

Lejos de donde estoy ahora.












**













Somos como Adán y Eva

antes de mamá y papá.

En la persiana flotan tres botones de luz.

Yo te escucho lejos.

El reloj hace tic tac.

Tic tac. Tic tac.

Nos hundimos juntos.

Dolor mío, terrestre.


No me arrepiento después de lo que pase.

Abro los ojos y te veo sobrevivir.

Me das un beso que no duele

y estoy en tus hombros

soñando.












**













Si querés olvidarme yo no te hago ningún escándalo.
Y que volver no te asuste, yo por mí no te olvido.
Vos pedime sin respeto el alma si la creés un regalo.
Y si también me pedís un beso yo con vos no mezquino.

Igual, chiquita, sabés que para quererme sos libre.
Sos libre para olvidarme, cuando quieras, donde sea.
Tengo la soledad fácil, y vos tenés una soledad triste.
Soy libre para quererte en la soledad que vos quieras.

Pasa que en mi libertad está también confesarte algo:
Si en serio me querés, hace como que no te importa.
No me pienses mucho, y que todo te parezca raro.
Sonreí porque nos queremos, y contame una broma.

De a poco después voy a averiguar lo que te gusta.
Las canciones que te duelen, las esquinas que ya lloraste.
Pero eso sí: si una madrugada se me da por decirle tu nombre a la luna
no te olvides de decirme si desde allá me escuchaste.













**












No te vas nunca cuando te espero

vas volviendo y no me acuerdo

vas silenciosa como pasa el tiempo

son horas tristes y está lloviendo


sin palabras con poco esfuerzo

empujando mares con un velero

sombra de azúcar risa de entierro

no te vas nunca cuando te espero













**












No sé si todo estará escrito.

Pero la duda no me conmueve.

Que sea lo que Dios quiera.

Hoy mi plan es caminar.

Sentirme a gusto entre los árboles.

Acomodarme en un banco.

Mirar para arriba.

Suelto en el vidrio de la hora.

Ya, sin futuro.

Ya: mientras me creo.

Qué grato que sea así.


Y qué inmejorable, también, que llueva.

Que las gotitas me salpiquen la cara.

Como para poder darme cuenta de repente

de que acá estoy.

Todavía no cedo.

Todavía estoy vivo.

Cargado de mí.

De palabras y colores.

Confrontándome.

Y creándome.

Aprehendiendo la voluntad de las cosas.

Lo que nadie me explicó.

Lo que en ningún lado se enseña.












**












Esta semana llovió mucho.

Fue un tornado arduo

de ramas calles

paraguas y títeres.


Encontré dos lágrimas

en una esquina de nadie

y me las guardé en un bolsillo

para que no me las quieran llorar.


(En las tardes de lluvia

yo no soy de regalar nada.)


Hice una balsa.

Tic tac, tic tac, tic:

el reloj se hundió.


Yo lo vi

y vos me viste

y me encontraste tan díficil.

Es esta la hora.

Llueve

en todas las calles de la soledad que elegimos.














**







Yo no le tengo miedo a la muerte.

Más me asusta, por ejemplo,

que la mujer que yo quiero

un día no me quiera.


Me asusta mi ventana

que haya gente

mirándome en la sombra

y que no les guste

mi cara de los lunes a las seis.


Igual yo prefiero tirar una moneda al aire

para averiguar a quién busco.


Me asustan las bromas quizás.

Pero no la muerte.












**










Ayer a las seis de la tarde

me gustó sentarme en un banco.

Plaza sola y un alma.

Miré un árbol.

Unos nubarrones de melón

se acostaban arriba.

Yo no sabía la hora.

No me gusta usar reloj.



Cuándo.

A las seis de la tarde

me gustó pensar en vos.

Me acordé que estaba solo,

triste, burdo, inverosímil,

no tenía nombre

mientras en aquella plaza

nadie me llamaba del hombro.



Mi casa queda muy lejos.

Queda muy lejos todo de acá.



Vos, seguro, me hubieras preguntado en qué pensaba.

No sé, te hubiera dicho.

Andando en bicicleta.











**










Un día yo no quiero explicarte nada.

Ese día es hoy.

Nos quedan nueve horas.

Buscame.





















**











Hoy tuve una pesadilla que me duró toda la vida.

Me desperté humeante, frágil.

Algo mordía, pensaba, lastimaba.

Añoro los segundos.

La canilla abierta en el desierto,

la arena de mi sepulcro o de mi fiebre,

una boca dolorosa que nos despierte de este estar tan lejos.

2 comentarios:

Lar dijo...

jaja! ey! si lo leo es porque me gusta, y no me importa q sea largo :) q bueno q no te pongas límites en cuanto a la extensión y te puedas mover para todos lados. los matices que vi hasta ahora que vas manejando son muy parejos, pero re interesantes... además me dan espacio para pensar. cosa q está muy copada =)
leer cosas bien frescas (como las tuyas, las q leí hasta ahora) te juro que para mí es igual a tirarse en un sillón prestado. ahí uno ve si se siente cómodo, si se queda escuchando con los ojos un rato... o todo el tiempo..., o, de una, se levanta y se va.
por ahora sigo sentada, no importa que pasen los minutos, realmente lo estoy disfrutando.

cuando quieras pasate por mi otro blog a chusmear... ya fuiste por un mate con facturas, en el otro te invito un té (?) este es el q actualizo más seguido así q... atenti!!! (atenti????) bestiasalteclado.blogspot.com de paso, si pasás, podés ayudarme: estoy tratando de ponerme de acuerdo con el resto del mundo por medio de una encuesta mediopedorraperovalelaintención y necesito tu humilde opinión!

Fuego dijo...

"sombra de azúcar risa de entierro
no te vas nunca cuando te espero..."
Sospechaba que eras vos! ahora sí!
Lindas palabras se están revelando para ti, amigo...
Larga vida a la poesía, y obvio! te re linkeo!!
jajaja
abrazo