miércoles, 1 de julio de 2009






Pintor

Hace rato la vieja empezó a dar vueltas. Mira, chistea, sube y baja las escaleras.


Desde que llegó el hijo, murmuran de a dos.


Abren cajones y puertas. Hay ruidos de manijas y llaves.


La vieja pasa por el comedor.


Yo pinto. Cumplo con lo que vine a hacer a esta casa, pero tengo cemento en la nuca mientras la vieja me mira.


Hace rato que van, vienen; revisan, hablan.


Y entonces la vieja que dice: Para qué llamaste a este negro.


En la cocina.


Para qué llamaste a este negro.


Así que junto, limpio, ordeno y me voy. Dejo tal como está lo que vine a hacer a esta casa y me voy.


Vieja loca, le tendría que haber dicho.


Yo pinto.













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