miércoles, 1 de julio de 2009






"Vos sos un joven realista, que no ignora lo que cuesta vivir. Entonces sabrás que los hijos son caros de mantener, carísimos, son un lujo, se diría que sólo los millonarios pueden permitírselos. Y los hombres, sobre todo los pobres, esto lo habrás pensado por tu cuenta más de una vez, no están unidos por necesidad con su prole. No son ellos los que quedan embarazados [...]. ¿No te parece que sería mucho más lógico que todos los hombres pobres abandonaran a su suerte a sus mujeres embarazadas o paridas? ¿No es lo que harías vos, si estuvieras en tus cabales? La única explicación para que no lo hagan es que ellos mismos se vuelven mujeres, y entonces no pueden abandonarlas, no pueden abandonarse a sí mismos. Ahí tenés tu ejemplo.

-Pero no se vuelven mujeres de verdad. Es una metáfora.

-No, qué va. La metáfora no existe. La transformación es real, más real imposible porque ahí se termina la realidad. Quizás lo entiendas mejor en términos de concepto, fuera del ejemplo, que siempre engaña. Todo parte del impulso sexual, y la fantasía de base en ese terreno es la disponibilidad de las mujeres. Eso es lo que está latente en tu vida: la joven desamparada, más bella que todos tus sueños, que se pone en tus manos, en todo su abandono, porque no tiene nada ni a nadie en el mundo... En los hechos, fuera de tu cabeza, esa fantasía se apoya y se apoyará siempre en la existencia de los pobres; si has visto un hombre pobre, más pobre que vos, un mendigo, un desocupado, si lo has vislumbrado buscando empleo o buscando una víctima para robarle, sabrás que también existen mujeres pobres... Por extrapolación, verás que la idea se hace realidad."








(En La guerra de los gimnasios, del entrañable delirante de Aira)

1 comentario:

Facundo dijo...

Capo, te hice caso, me armé un blog. Te mando un abrazo y cuando quieras pegate una vuelta.
Saludos!