domingo, 27 de septiembre de 2009

Nick tanto (no me acuerdo ahora el apellido), en la cara de Peter Folk (mi nuevo ídolo desde ayer), dice:

-Está en el aire. ¿No les parece a ustedes? Para mí está en el aire.

Sus compañeros de laburo, con los platos de spaguetti enfrente, lo miran. No saben qué contestar. Algunos se largan a reír.

La mujer de Nick, una rubia preciosa, dulce, pero "loca", también lo mira.

¿Qué es lo que flota en el aire? ¿El nacimiento de los chicos? ¿La vida? ¿Los celos? ¿La infidelidad?

Uno también mira al tipo y tiene la sensación de que hay "algo" que flota en el aire. Ese algo flota sin llegarse a mostrar.

Pero con esa sola sugerencia, con la sola intuición de que un designio inexplicable motiva las actitudes de esta gente, uno puede experimentar (incluso sin la conciencia de estar haciéndolo) sus conflictos.

¿Para querernos hay que chocar? ¿Eso es lo que flota en el aire?

Uno es un personaje más adentro de la narración. El final pinta para ser un nudo en la garganta, al principio; después todo se alivia, es un vasito de cerveza helada un día de mucho calor.

¿El estilo? Decir todo sin decir nada. Un gesto, una mirada, un comentario al azar; fragmentos que hacen a la tensión, construyen distintos puntos de vista. Es una película que cierra, redonda y simple, no le falta ni le sobra nada.

Es bueno encontrar perlas que a uno lo puedan conmover. Hacía tiempo que no me pasaba eso con una película.



"UNA MUJER BAJO LA INFLUENCIA", de John Cassavetes.

No hay comentarios: