viernes, 2 de abril de 2010






"Ella lo dejó terminar, rascándole la cabeza con la yema de los dedos, y sin que él le hubiera revelado que estaba llorando de amor, ella reconoció de inmediato el llanto más antiguo de la historia del hombre.
-Bueno, niñito -lo consoló-: ahora dime quién es.
Cuando Aureliano se lo dijo, Pilar Ternera emitió una risa profunda, la antigua risa expansiva que había terminado por parecer un cucurrucuteo de palomas. No había ningún misterio en el corazón de un Buendía que fuera impenetrable para ella, porque un siglo de naipes y de experiencias le había enseñado que la historia de la familia era un engranaje de repeticiones irreparables, una rueda giratoria que hubiera seguido dando vueltas hasta la eternidad, de no haber sido por el desgaste progresivo e irremediable del eje.
-No te preocupes -sonrió-. En cualquier lugar en que esté ahora, ella te está esperando."




(Cien años de soledad, G. G. Márquez.)






1 comentario:

Dionisia dijo...

ay! espero hace tiempo a alguien.

Nunca ha llegado.