jueves, 27 de mayo de 2010




A borrar chantas


Büchner, un genio alemán que murió teniendo solamente veintitrés años, escribió hace casi dos siglos: “Las formas de gobierno deberían ser como una túnica transparente que se amolda al cuerpo del pueblo”. El pueblo, en otras palabras, es el que debería forjar la ley; la misma ley que hoy por hoy el Estado utiliza para manipular las conductas de todos.

Yo traslado la frase de Büchner acá, a la situación de esta Argentina que termina de cumplir doscientos años, y me digo: Acá hay una ley que nos está faltando.

Yo la llamaría, así, sin mucho mambo: “Ley del borra-chantas”.

¿En qué consistiría esta ley? Todo político, sea cual sea su origen o condición, estaría obligado a tener un patrimonio no mayor a, no sé, digamos cien mil pesos. Todo excedente de esta suma sería inmediatamente remitido a los fondos de la reserva nacional.

Si algún día se llegara a sancionar una ley como ésta, estoy seguro de que muchos de los abogados, doctores y empresarios que hoy pululan en los ámbitos estatales van a pensárselo dos veces antes de inclinarse por servir a la patria.

Recién ahí, me imagino, van a quedar los honestos, los genuinos, los que de verdad están interesados en el bienestar general.

Eso debería ser el Estado, la política: un ejercicio de filantropía. En Argentina hay mucha gente capacitada para representarnos, gente honesta y altruista, a lo Favaloro; mucha más de la que uno cree.










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