sábado, 26 de junio de 2010

truco



En la cocina hay un lío tremendo. Tapitas, corchos, atados vacíos; puchos y botellas de cerveza y vino por todas partes. Después de tomar un poco de agua, agarro una bolsa, empiezo a juntar la basura de la mesa, y estoy a punto de dejar todo para ordenarlo más tarde cuando encuentro el papel. Me llama la atención, se destaca del resto, porque veo que tiene las estrellas que dibujó Milagros anoche.

Entonces me acuerdo de que habíamos estado jugando al truco. Milagros y Pablo en mi equipo. En el otro, Luciana, el Gordo y Ezequiel. Teníamos pensado salir, pero a eso de las dos se largó a llover y hacía un frío de morirse, así que nos quedamos tomando lo que había y jugando a las cartas en la cocina.

Hacía tiempo que no veía a Milagros. La excusa de la reunión era el cumpleaños de Eze; yo sabía que él era amigo de ella, pero no imaginé que la iba a traer. Milagros se peinaba diferente y también se vestía de otra forma. Tenía un look más sencillo, como si no hubiera pensado mucho qué ropa se iba a poner.

–Truco –gritó el Gordo.

Yo miré a mis compañeros de equipo.

–Quiero.

Eran las tres de la mañana, el Gordo ya estaba pasado, y soltó el tres de basto con un golpazo en la mesa. Tomá, botón. Era el segundo partido que nos ganaba en la última mano y Milagros tiró las cartas: No, es increíble la suerte que tiene este pibe. Esto no es suerte, le contestó el Gordo, esto es saber jugar. Cuando estás de racha es fácil, Gordo, me metí yo. No, morsa, nada de rachas, en el truco la suerte es lo de menos, esto se trata de saber mentir, dijo levantando el índice, hay que saber mentir en el momento justo.

Hicimos una revancha más. A esas alturas solamente nos quedaban dos cervezas bien tibias, de las especiales, y en el aire flotaba una humareda que casi se podía empujar. Milagros se había puesto la campera. ¿Tenés frío?, le pregunté. Un poco, me contestó ella. Después sacudió la cabeza con un gestito de lástima, como diciendo, en realidad tengo mucho frío, mucho frío, y yo la hubiera abrigado, la hubiera abrazado toda la noche si no hubieran estado los pibes en casa. 

En ese momento me di cuenta de que Milagros me sigue gustando de una manera misteriosa. Aunque se vista y peine y hasta hable de forma diferente, es como si no hubiera pasado un minuto. Cada vez que me hacía la seña del dos, yo sentía que me volvía loco. Y el silencio con que nos mirábamos para pasarnos las señas, era algo cómplice; nos juntaba en una dimensión paralela, lejos del partido, de mi casa, del resto del mundo.

Un rato más tarde vi que Milagros levantaba el papel donde estaban anotados los puntos del partido y empezaba a dibujar estrellas. El Gordo y Pablo jugaban el pica-pica, y yo miraba a Milagros. Ella pareció darse cuenta. Levantó el papel y me preguntó: ¿Te gusta mi obra? Sí, le contesté; ¿pero cuánto vamos? Milagros bajó el papel. Perdemos once a seis. ¿Once a seis ya?; está complicado el asunto. Sí, pero todavía hay chances, me dijo Milagros, creo que vamos a tener que hacerle caso al Gordo. ¿Al Gordo? Y sí, hay que empezar a mentir.    

En la mano siguiente canté real envido con veinticuatro. El Gordo tenía treinta y dos. Después también los quise apurar en el truco, pero Eze puso en la mesa un tres de espada doloroso. Ahí tendrías que haber retrucado, me dijo el Gordo, sirviéndose un vaso de cerveza, si mentís, tenés que mentir con ganas, sin miedo. Pasa que él es un desafortunado en el juego, dijo Eze. Sí, porque en el amor es todo fortuna, me miró de reojo el Gordo con su sonrisita irónica.  

Yo no sabía cómo hacer para que se fueran, para que me dejaran solo con Milagros. Eran las cuatro, ya no había nada de alcohol, y Luciana empezaba a bostezar. En cualquier momento se iban a ir de mi casa, se iban a llevar a Milagros, y yo seguía sin hacer nada.

La miré de reojo. Milagros en un rincón de la mesa seguía dibujando con concentración, o muy aburrida. Yo fui al baño y me miré en el espejo. Ése era yo, ésos eran mis ojos, mi nariz y mi boca, y Milagros estaba en mi casa otra vez, de nuevo había aparecido en mi vida. Pudo ser cualquier otra, pero fue ella, y qué es lo que tengo que hacer. Mentí, cagón, le dije al espejo, mentí. Después tomé un trago de agua de la canilla y abrí la ventana y apoyé la cara en el viento frío.

Cuando volví a la cocina todos estaban atentos a la última ronda. Yo le chisté a Milagros, en voz baja: A ver, prestame la hoja un segundo. Y ella me la alcanzó, también me dio la birome, y yo di vuelta el papel y dibujé dos ojos. Dos ojos grandes, claros, con pestañas largas y onduladas. Cuando le mostré el dibujo, Milagros sonrió. Entonces le dije sin hablar, solamente gesticulando: Son los tuyos.

A la media hora se fueron todos. Ella también. Antes de irse me dijo: La próxima vamos a ganar. Ojalá, le contesté yo, y después me fui a acostar a la pieza sin ordenar nada.

Cuando me desperté a la mañana me zumbaba la frente. Lo primero que vi fue la luz encendida. Después sentí que tenía las medias puestas. Poco a poco me fui acordando de quién era, y a ese ritmo volvieron los recuerdos de la noche anterior. Me acordé, sobre todo, de que Milagros había estado en mi casa, y de que yo no le había hablado. La de anoche había sido una oportunidad inmejorable, quizás irrepetible, y yo la había dejado pasar. Por qué no te las arreglaste para estar solo con ella. Por qué no te las arreglaste para decirle todo.

Así que ahora, en la cocina, me sorprende encontrar el papel con las estrellas. No me acordaba de esa parte de la noche. Después lo doy vuelta, y ahí están los ojos, los ojos grandes y claros de Milagros; tampoco me acordaba de eso. Pero lo que más me llama la atención es el número. Hay un número de teléfono, el de un celular, escrito al lado. Llamame, dice.

Miro el papel un segundo, después me acerco a la heladera y lo pego en la puerta. Intento ignorarlo, concentrarme por el momento en limpiar. Pero cada tanto me doy vuelta, como si alguien me tocara el hombro, y me reconforta ver que los ojos siguen ahí, vigilándome sin parpadear mientras ordeno mi casa.







4 comentarios:

Anónimo dijo...

ta bueno

A girl called María dijo...

Hermoso como todo lo que escribís. Este especialmente me hizo acordar a una etapa de mi vida en la que también, en el grupo de amigos, había alguien especial, que me hacía desear que el tiempo jamás pasara para que no tenga que abrirle la puerta.
Te felicito, escribís de maravillas =)

(soy Mery del FFYL)

Un desvarío por jueves dijo...

qué genia mery, siempre tan generosa ud, gracias por pasar y nos seguimos leyendo entonces, cuidese!

ThE BiTTerLaDy dijo...

muuuy bueno mat!!!!!
me re cabe como escribis amigo!
te mando un beso...
espero verte pronto..

LA romy.. jee