sábado, 2 de octubre de 2010





Mañana


Cuando en el silencio de la mañana

tu cuerpo se mueve desestabilizando

la quietud, y se estira en la cama revuelta

con la columna vertebral arqueada,

rozándome las piernas

abajo de las sábanas,

y la blancura de un pecho tuyo

aparece a la luz

del único rayo de sol

que se descuelga de la ventana

del dormitorio de tu casa,

y tus ojos se abren mirando

durante un segundo todavía para adentro,

apretados, azulados, como separándose

todavía de lo que vieron adentro del sueño;

después de todo eso, quiero decirte,

cuando te despertás a la mañana

siempre hay un momento

en que girás la cabeza 

y me mirás como extrañada, 

como sin entender quién soy,

qué hago,

qué estoy haciendo en tu cama,

mientras yo

acurrucado en la sombra

te miro esperando que te acuerdes,

que de a poco me veas,

que me reconozcas.








2 comentarios:

Paula Sol dijo...

HERMOSO

Anónimo dijo...

Hace mucho que no te leia...

Me di una vueltita y me encanto lo que vi...

Besos!

A.