sábado, 20 de noviembre de 2010



Arte

Probablemente una de las escenas más punzantes del cine contemporáneo. De un lado, la opresión. Del otro, lo oprimido. En el marco de la pantalla, el paradigma de esta confrontación durante la segunda guerra mundial. Un nazi y un judío. Mediados del siglo XX. Te tiemblan las manos, te morís de hambre y de terror, pero vos sobrevivís. Vos te sentás, tocás, y sobrevivís. El gesto sale de tu sangre. La tensión, la angustia, la incomprensión agazapada durante años, siglos, milenios, que poco a poco emerge en la violencia de tu sangre, en la sangre de lo que tus manos tocan. Una sangre que no se puede abarcar, solamente sentir. La música es una onda de vidrio que se tensa, que oscila y se astilla. No tengo moral, no tengo textos ni pretextos. Esto es lo que me pasa, lo que siento, lo que sale de mi sangre. El opresor se queda callado a un costado y mira. Escucha. Siente. Oprimido en la verdad que el absurdo no vela. Hay más humanidad en la perseverancia de tu sangre que en la Historia, que en lo que me puedas explicar. La escena está en El pianista, de Roman Polanski. 






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