jueves, 30 de diciembre de 2010



Se la rallán

"También estaba Reynaldo, el santafesino, que esa noche parecía medio incómodo, él, tan tranquilo siempre. Estaban también dos morochos nuevos, muy sosegados, que sonreían siempre y decían lo justo. ¿Serían santiagueños? Y una bizquita medio gaita, una retacona de piernas feas, culo grande y tetas abiertas hacia los costados, que se hacía la otra cuando la pellizcábamos sin asco por debajo de la mesa. Creo que en un momento tenía tres manos debajo de la pollera. Pero ella dejaba hacer. Eso sí, si la cosa venía por encima de la mesa, ¡ahí no! Porque se veía, ¿no? Entonces miraba p´ al otro lado y rempujaba la mano suelta que la quería tetear. Carmelo, el que faltaba de la barra, se había soltao por un momento pa bailarse unos chamamés y algún valseado con una petisita dientuda y flaca de cabello teñido, prestada por dos o tres piezas nomás por una barra amiga, porque como siempre las minas escaseaban. Yo pellizcaba nomás, ¿pa qué iba a bailar?, y le metía al vinacho y la cerveza caliente. El aire estaba quieto, húmedo, sofocante. Una bruma rojiza descendía sobre la ribera. Los parlantes ensordecían. Pero yo tranquilo, sirviéndome nomás. Por´ai oía gritos de mujeres, puteadas, amenazas, voces roncas y machazas, ruidos de botellazos y vidrios rotos. También vi volar unas sillas y hasta tuve que cuerpear una mesa que andaba por el aire buscando dónde aterrizar. Pero yo tranquilo entre tintacho y pellizcón, mano izquierda y mano derecha, ¡el tinto del lao del corazón! Al rato, supongo que yo estaría diciendo macanas, pero ya me había instalado, ya estaba sumergido en una densa, en una gran mancha multicolor, con voces distantes. De pronto se iluminaba algún detalle: un brazo, un bracito, una blusita bien rellenita, unos dientachos blancos de jeta sucia, dos o tres cabecitas en la sombra, una enorme boca pintarrajeada de mujer... Después la mancha dentro de la cual estaba, se fue oscureciendo más y más hasta volverse negra, con una o dos lucecitas nada más, allá lejos. Y yo me sentía un botecito amarrao en la orilla, barquineando en las olitas y cabeceando, ¡poc! ¡poc! ¡poc!, la canoa ancha de al lado. Cuando la mancha se hizo negra del todo, mi cabeza se hundió plácidamente en un mar de tinieblas. Al rato largo, supongo, me desperté sobresaltado. ¡Un grito pelado, agudo, de mujer a la distancia! ¿Lo habría traído la brisa? Ya se venía la fresca desde el río inmundo. Yo estaba molido, tirado en un yuyal, en medio de los pajonales y juncales de la costa. ¡Y a mi lado roncaba a pierna suelta la petisita bizca y macetuda! ¿Qué me decís? ¿Yo era el ganador? ¿Me la había ganado a lo macho o me había tocado de último? Nunca lo supe."







(Fragmento de La piel de caballo, de Ricardo Zelarayán. La borrachera como una gran mancha multicolor chispeante. Y el laburo poético, sobre todo, en el lenguaje de la muchachada que año a año migra a Buenos Aires desde el norte argentino.)




5 comentarios:

Pablo dijo...

me enteré hoy...estará en la salina?

Pablo dijo...

ey, ezequiel, me permití subir un poema tuyo a mi blog(consignando tu autoría, claro). si no te copa avisame pronto así lo saco.

saludos
Pablo

Humberto Dib dijo...

Mi querido colega, ¿cómo va eso? No conocía al autor, pero me hiciste acordar algo que me sucedía apenas legué a Argentina. Había calles que me sonaban a verbos, justamente me pasaba con Zelarrayán, recuerdo que me preguntaba -muy tontamente, por cierto- ¿se la rallan, se la rallaron o se la rallarán?
En fin... te dejo un gran abrazo.
Humberto.

Un desvarío por jueves dijo...

jeje, medio ambiguo el apellido, no?, Zelarrayán jugaba mucho con eso, con el lenguaje; es inconcebible Cucurto, por ej., sin Zelarrayán; es díficil conseguir los textos, pero lo recomiendo, "La piel de caballo" es un cag... de risa, además de que está tan trabajado el asunto que por momento uno tiene la sensación de estar leyendo más bien poesía que prosa, saludos maestro y que ande todo bien por allá.

Un desvarío por jueves dijo...

Y bueno, tengo que agregar para el que no lo sabe que Zelarrayán falleció la semana anterior, este es mi diminuto homenaje. Zelarrayán escribió y publicó en total cuatro libros, dos de poesía y dos novelas.