miércoles, 8 de diciembre de 2010



"UNA FOTO

¿Dónde está la mujer que en esta foto
se ríe con su vida brillándole en la risa
por algo que le dije en ese instante
en la luz del mediodía,
bajo unos paraísos que dejaban
caer el sol de mayo en nuestra mesa,
iluminando el pan, un vaso y un cuchillo
y al fondo unos barquitos que se duermen
en una playa pobre de juncos y sauzales
donde unos pescadores diminutos
caminan sin moverse hacia su pelo
desparramado al viento
sobre el suéter azul con el que cruza
los brazos y levanta los hombros por la risa?"






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"CUANDO LA LENGUA ECLIPSA

Cuando la lengua eclipsa este presente,
cuando cubre las cosas
con un color grisáceo y nominal,
hay un ácido al fondo de la experiencia fresca,
porque es aquí y ahora pero en el verbo rancio,
en la estructura fúnebre del habla.

La fronda del verano, el aire inédito
atraviesan el viejo pulmón occidental.
La vida inaugurada,
el sol contemporáneo vistos siempre
con el anteojo fijo, mortal, judeocristiano;
o el transcurrir adánico, las moscas,
todo cautivo en este latín erosionado.
El colibrí veloz entorpecido
por este carromato colonial
que rueda lentamente en sus vocales,
esta siesta sintáctica en el polvo del aire castellano.

El cansancio de la filología
espanta la inocencia de esta luz,
agrava los objetos, va imponiendo
la herencia de las manos sobre el tacto,
el andamiaje helénico a los vientos,
fuerza a la sangre a andar en su adjetivo,
a la noche a estrellarse acordemente
con su cosmogonía.

Cayendo como un párpado, el imperio
cae en la voz, ahora, mientras digo
la arena de la piedra de mi nombre."











(Dos poemas que encontré en Consumidor final, de Pedro Mairal. "El mejor de los escritores argentinos vivos", me dijo un amigo el otro día.)




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