martes, 18 de enero de 2011



 Retrato de época

"[...] No volvería atrás nunca. Está bien que el tiempo se coma todo. No soporto la repetición, la falta de cambio, el estancamiento invariable de la vida. Me gusta que todo se transforme, se rompa, se gaste. El río que durando se destruye, del que habla Neruda. La transformación es casi lo único que me interesa. Qué liberación poder hablarles así, sin pensar en el artículo, en el cuento. El mail es un género no contaminado todavía. [...] Los mails todavía son un refugio al que no llega la radiación literaria. La gente escribe mails con toda naturalidad, cuenta con gracia las cosas, y después las quiere poner en un cuento o una novela y las arruina con palabras como "rostro pensativo", "allí", "luz cansina". Esa es la radiación literaria, que va mutando en tics de la época: el superyo que cada generación considera que es Literatura con mayúscula. Eso me gustó de los blogs en su momento, se olvidaban de esa mayúscula. La gente contaba su vida cotidiana sin pretensión literaria, sin darse cuenta de que estaba escribiendo bien. Contaban algo que les había pasado en el colectivo y fluía como ese viaje, lo contaban con la ropa suelta, sin pensar en la solemnidad del papel. A mí los blogs me ayudaron bastante a relajar la mano, a bajar un cambio del motor literario. Y a la vez creo que es una búsqueda que no se consigue nunca, ni se abandona. Siempre hay dos fuerzas que tironean: la tradición y la propia época. Cada uno traza donde quiere -pero sobre todo donde puede- la línea resultante; ése es su estilo, ese lugar que uno va encontrando o buscando en cada oración, en cada párrafo."





(Fragmento de "Un mail", de Pedro Mairal. Muy piola todo lo que dice sobre los blogs, sobre la poesía actual y la por venir; casi un manifiesto. El artículo entero está en la página 140 de la segunda parte de la revista Orsai.)

   



viernes, 14 de enero de 2011



El subconsciente hace lo que quiere 

Iván Alexievich, el protagonista del asunto, viaja a Peterbursgo para celebrar la luna de miel con su  flamante esposa. En cierto punto, el tren hace un parate en Bangalore, y el tipo se baja, exultante, feliz por el casamiento, y brinda con una copita de coñac mientras su mujer lo espera en el vagón. Tan feliz está, que decide tomarse otra copita, y para cuando quiere darse cuenta el tren ya está saliendo y él tiene que perseguirlo a la carrera y subirse de un salto.

Una vez arriba del tren, mientras medio mareado busca el vagón donde su amada lo aguarda, se cruza con Petro Petrovich, un viejo conocido, y empieza a conversar con él. Iván Alexievich le cuenta la buena nueva (me casé, loco, me casé, le dice), y está tan efusivo o mamado a esas alturas que habla y demuestra su felicidad a los gritos, de tal manera que a los pocos minutos ya es el centro de atención del resto de los pasajeros. 

El tipo, en una, les dice:

"Soy feliz hasta lo absurdo. Ahora mismo debería estar en mi vagón, porque en un rincón del mismo me espera un ser humano que se consagra a mí con toda su alma. ¡Mi adorada! ¡Mi ángel! ¡Mi alma! ¡Flor de mi  vida! ¡Tiene unos pies tan graciosos! Son tan finos, tan delicados, casi una obra de arte. Quisiera comérmelos. Usted no comprende estos asuntos; es un materialista que todo lo examina; todos ustedes me parecen unos simples solterones; pero en cuanto lleguen a casarse, se van a acordar de mí". 
 
Entonces uno de los pasajeros, viéndolo tan dichoso, tan aligerado y seguro de sí mismo, le pregunta cuál es la fórmula para alcanzar la felicidad, la misma felicidad que el susodicho rezuma por cada uno de sus poros. El tipo, haciendo equilibrio, le contesta:
 
"-No es nada complicado. La Naturaleza dicta que el hombre, en cierta etapa de su vida, debe amar. En ese momento, debe amar con toda su pasión. Pero nos negamos a obedecer la ley de la Naturaleza. Siempre estamos a la espera de otras cosas. La ley afirma que toda persona normal ha de casarse. No hay felicidad sin casamiento. Cuando aparece la oportunidad, ¡a casarse! ¿Por qué titubear? No obstante, ustedes no se casan. Circulan por oscuros senderos. Y debo añadir: las Sagradas Escrituras dicen que el vino alegra el corazón humano. ¿Quieres estar más alegre? Con ir al buffet el problema está resuelto. Y basta de filosofía. Lo único verdaderamente virtuoso es la sencillez.

-Usted afirma que el hombre es el creador de su propia felicidad, pero ese creador también necesita mucha suerte, pues es suficiente con un dolor de muelas o una suegra malvada para que toda su felicidad ruede por un abismo. Más bien es una cuestión de azar. Si en este momento surgiera una catástrofe, usted opinaría otra cosa.

-¡Por supuesto que no! Los desastres suceden una vez al año. No le temo al azar. Ni siquiera creo que valga la pena hablar de eso. Es posible que ya nos estemos aproximando a la estación...

-¿En verdad no sabe adónde va? -quiere saber Petro Petrovich-. ¿A Moscú o más al sur?

-¿Cómo puedo ir a Moscú o más al sur, si nos dirigimos al norte?

-Sucede que Moscú no se halla en el norte.

-Lo sé. Pero ahora vamos a Petersburgo -dice Iván Alexievich.

-No sea tan obstinado. Ahora nos dirigimos a Moscú.

-¿Cómo? ¿A Moscú? ¡Eso es extraordinario!

-¿Para dónde compró usted su pasaje?

-Para Petersburgo.

-Creo saber lo que pasó. Usted se equivocó de tren.

Anonadados, todos se quedan en silencio durante bastante tiempo. De pronto, el recién casado se pone de pie y los mira perplejo.

-Eso es -declara Petro Petrovich-. En Bagalore usted cambió de tren. Después del coñac, subió a un tren que se cruzó con el suyo.

Iván Alexievich palidece y da muestras de gran inquietud.

-¡Pero qué torpe soy! ¡Qué desconsiderado! ¡Que me parta un rayo! ¿Ahora qué voy a hacer? En aquel tren dejé a mi pobre mujer, sola, esperándome. ¡Qué bruto soy!

El recién casado se desploma en el asiento y da vueltas como si le hubieran pisado un callo."




(En "Un viaje de novios", de Antón Chejov.)









domingo, 9 de enero de 2011





"Pavo real


Los yanquis

para el día de acción de gracias

comen pavo.

No real,

sino doméstico,

que es el nombre

del pavo de a pie.



El pavo que vos y yo vemos

en sus películas no es

ninguno de los anteriores;

es de utilería, casi

un pavo virtual,

dos veces

no real.



Cuando te dormís,

el pavo real que despliega

su abanico de plumas

en tu sueño

es un pavo soñado,

una pava y colorida

metáfora

de tu subconsciente.



Me pregunto

¿y si esto

del amor

tampoco es real?

¿si somos

vos y yo

dos pavos, nomás?"






.........................



"Amí


el tren de y veinte ya se fue

ya se estaba yendo

cuando el sueño, pasado de cocción, aguachento,

perdió su verosímil

y hombre y caballo -triste desencanto-

se duplicaron.





los significantes están

apenas corridos

de las cosas

¿por qué conservo el paragüero bala de cañón?

¿qué significa

eso?

¿quiero morir? ¿me pongo una bomba a mí mismo?

¿me la pongo?





el acusado declara: que en horas de la mañana la cabeza

le patea en contra,

que en distintas ocasiones

durante los últimos once meses

del año del señor dos mil tatatá,

su corazón latió a razón de tres golpes

por segundo sin que hubiera motivos

aceptables para sentir "chucho"

(se le pide al acusado que aclare el significado

de este último término, a lo que el susodicho responde:

"miedo, miedo de mí mismo, miedo del miedo,

miedo a una flor, miedo a la miedocridad")

ante lo expuesto, el honorable tribunal resuelve:

fundirse en fraternal abrazo alrededor del acusado

e invitarlo a desahogarse hasta que se le pase.

dejar en libertad al diciente recordándosele

a modo de advertencia las sabias palabras

del Dr. Doctor: "sed como los niños

que hacen el amor sin saberlo"





cuando el chorro de agua tibia

me devuelva como de un vientre

fresco, listo

para ser empleado

ya se habrá ido el tren de y veinte

hoy es hoy

no estaba seguro."






(dos textos de Pablo Moller. Atentis a este muchacho que golea. Los poemas están en Momento cucaracha.)