sábado, 12 de marzo de 2011




"Sandía porro verano

a primera vista parece un sandía con cabeza
pero ni ahí
nada que ver
es un chico de la calle
que le faltan los brazos y las piernas
y pasa rebotando por el barcito pidiendo monedas
se acerca y le doy una moneda
y se va rebotando
y me hace pensar en mi amigo Carlos
con Carlos todo el verano comíamos sandía
agarrábamos el auto de la mamá
y salíamos a recorrer la ruta
que estaba llena de puestos en la orilla con pirámides de sandía
la pasábamos re bien
comiendo sandía
escuchando música
fumando porro
hablando de música de sandias y de porro
hace mucho que no hablo con Carlos
creo que desde que tuvo esa idea
esa idea re loca de escuchar la canción de los pericos
párate y mira
16 horas seguidas
y se le explotó el cerebro
le dio un derrame cerebral y dengue
fue horrible
después de eso no fue nunca más el mismo
estaba raro
igual lo tengo en Facebook como amigo
pero nunca chateamos
ni me da
está re limado
la otra vez me invitó a una muestra de fotografía
puse que iba a asistir y el puso me gusta
pero no fui
pero no porque no quería cruzarme con él
no fui porque odio las muestras de fotografía
me parecen aburridísimas
siempre es lo mismo
la foto de una vieja caminando
un linyera durmiendo en una plaza
una lesbiana con cara de culo en blanco y negro
igual todo bien con la fotografía
debo ser yo que soy muy dramático y negativo
y siempre me ahogo en un vaso de agua que veo medio vacío
del otro lado de la mesa"





(La conciencia fluye, fluye, y con chispa. De P. Nicolás, en el Nadadorsinfamilia)





Cadeteando por Buenos Aires, celular en mano (y una en la playa, cerveza en mano)






 
                                     
 



martes, 8 de marzo de 2011

bastón





Hoy fui a comprarle un bastón a mi viejo. Un bastón. Cuando se lo traje a la tarde él no me miraba. Se lo alcancé y vi su mano agarrando el puño, su mano sin el meñique, envolviendo el puño del bastón con los ojos clavados en el bastón que su mano agarraba mientras yo lo miraba a él buscando un gesto de aprobación en su boca, o en los ojos, sí, me gusta el bastón que me trajiste; ahora sos el hombre de la casa.

Pero mi viejo agarró el bastón y yo tuve que levantarlo del codo para que pudiera apoyar el peso de su cuerpo en ese pedazo de madera, para que pudiera probar su resistencia, y no se animaba a mirarme mientras lo hacía ni yo pude encontrar expresión alguna en su cara más allá de la del esfuerzo apretado que le costaba levantarse de su sillón y su modorra, probar la solidez del bastón y dar un paso hacia adelante, uno solo, de una baldosa a la otra.

Mamá nos miraba desde un rincón de la cocina. Vi los dientes de mi viejo, la lengua para afuera, saliéndole de entre los labios, la gota de transpiración pegada a la frente. La gota brillaba como una lámpara de miniatura a la luz del foco pelado colgado del techo. Mi viejo perdió dos dedos trabajando. Un meñique en una mano, y el anular en la otra. Mi viejo soltó el peso de su cuerpo en el bastón y lo vi avanzar un paso, después otro, y cuando yo era chico jugaba al fútbol conmigo en la vereda de casa, esta casa, la misma. Yo miré la ventana y en la vereda ahora estaban las baldosas astilladas, los árboles secos, los árboles secos y duros todavía.