domingo, 12 de junio de 2011



"El coche pasa ante el portón, lo deja atrás, y veo, por entre el cerco de ligustros que separa el fondo del patio de la vereda, los dos puntos rojos de las luces traseras que van desplazándose rígidos en el aire otra vez negro. Ahora no queda más que el ruido del motor, que se debilita poco a poco: alejándose, gradual, permite todavía percibir, de vez en cuando, la disminución de velocidad, las aceleradas, los cambios de marcha, las frenadas, que le imponen los accidentes de su trayecto. Ahora es un rumor casi inaudible. Y ahora, por fin, ya no se sabe si el rumor que se cree percibir es el último filamento, exangüe, de sonido que manda, desde un punto ya inimaginable, el motor, o bien la repercusión apagada del ronroneo en la memoria."




(En Nadie Nada Nunca, de J.J. Saer.)

1 comentario:

amiga amema dijo...

Memoria y movimiento en un instante de yuxtaposiciones que van alineándose en el texto...
I love Saer