domingo, 5 de junio de 2011

el Rulo



El Rulo era un perro negro que vivía en mi barrio. Siempre andaba en la misma vereda. Era un perro muy feo, enano, gordo, con el hocico puntiagudo, de dientes amarillos y diminutos, como los de las ratas. Una tarde lo acaricié y la mano me quedó llena de tierra y pelos. Pero igual el Rulo tenía un dueño, se llamaba José. Un viejo que tenía la casa en la misma vereda donde lo habían dejado de cachorro a Rulo. El viejo siempre lo cagaba a palos. Le daba con el cinto o con la escoba, o directamente patadas. Patadas fuertes que lo desarmaban todo al Rulo. El viejo lo pateaba con la planta del pie, como planchándolo, para no romperse los dedos.

Pero el Rulo no chillaba nunca. El Rulo nomás se ponía a trotar, se iba un rato, quizás varios días, y después volvía. Volvía a la casa del viejo. El viejo no lo dejaba dormir adentro, pero le daba de comer. Lo dejaba durmiendo en la vereda toda la noche, y cuando salía el perro estaba ahí, a un costado de la puerta. El viejo entonces sacaba una silla de mimbre de la casa, la ponía en la vereda, y se sentaba con la silla al revés, apoyando los brazos en el respaldo, y el Rulo se acostaba al lado con la cabeza entre las patas, y los dos se quedaban ahí mirando los autos que pasaban, quietos, mudos, con cara de no pensar en nada, a un costado de la gente que iba por la vereda. Cuando el viejo bostezaba, enseguida también se ponía a bostezar el Rulo. Así hasta que se hacía de noche y el viejo volvía a entrar a la casa.

Una tarde de junio el viejo murió. Tardaron una semana en darse cuenta y sacarlo. La chica que trabajaba en el almacén y que lo conocía dijo que tenía cirrosis. Que venía mal hace tiempo. Pero que tampoco el viejo podía ir al hospital. No tenía a nadie que lo lleve, ni plata. El Rulo vio cómo lo sacaban. Vio cómo se lo llevaban pero después bostezó y sacó la lengua y se acostó en la puerta como esperando a que saliera el viejo de nuevo. El Rulo se acostó ahí y no se movió más. Uno pasaba y el Rulo todas las tardes estaba en la puerta de la casa del viejo. De a poco el pelo se le empezó a poner medio gris, y se le caía, y tenía los ojos con cataratas, siempre lacrimosos, y pedazos de piel pelada, como los perros con sarna. A veces el Rulo se levantaba y caminaba un poco, rengueando, y miraba el piso, parado unos segundos, y después se volvía a acostar.

No sé cuánto tiempo el Rulo estuvo así, se había vuelto invisible, como un árbol, como un canasto, una cosa más del paisaje, nadie lo veía. Pero un día no aguantó más.

Un día el Rulo se levantó de la puerta, empezó a caminar despacio; esto varios lo vieron, juran que lo vieron caminar muy despacio y rengueando pero firme, decidido, sin dejar de avanzar en ningún momento, y que se paró en medio de la calle a mirar los autos que se le acercaban desde la otra cuadra. Uno tocó la bocina y pegó el volantazo, pero el que venía atrás de ese se lo llevó por delante de lleno. El tipo frenó en la otra cuadra, se bajó, miró el frente del auto y después se acercó caminando a ver cómo estaba el perro. El Rulo estaba tirado en medio de la calle. Justo ahí había una señora, parada en la vereda, mirando al Rulo con una mano en el pecho y la otra en la frente, y el tipo se acercó y se quedó quieto a un costado de ella mirando al perro y le dijo que no lo había visto. Apareció de repente, decía el tipo, negando con la cabeza.



5 comentarios:

A girl called María dijo...

qué lindo eze (: el principio me hizo acordar a El Extrajero, al viejo vecino de Meursault que tenía un perro y lo trataba mal

Romina Ciaponi dijo...

Uf, me encantó. Justo hace poco escribí algo respecto de los perros y su negado derecho a suicidarse.
Pero que bueno que en tu cuento, el Rulo haya podido elegir morir y también estar con quien lo lastimaba pero también lo quería. Y otras cosas más.
Uf, está buenísimo, de verdad.

victoria dijo...

los perros que esperan a sus dueños muertos (odio la palabra "dueño", pero no se como se les dice a los padres humanos de los perros), se mueren de tristeza...
en el calendario maya, la figura del perro simboliza la lealtad, la fidelidad y el amor impersonal. bueno, eso, un dato de color, porque los mayas me parecen lo mas. igual que los perros! :)

amiga amema dijo...

Cada vez que vea uno de estos perros voy a pensar en un escritor

Un desvarío por jueves dijo...

mery, gracias por la data ! (ahora que me lo decís, sí, anda por ahí).
Romi, ahora quiero leer lo que ud escribió al respecto, ¿por dónde lo encuentro?
Vicky, mirá vos los mayas, ¿con la del 2012 también la pegarán?
Gracias por su lectura, amigamema, ahora me doy una vuelta por su blog.
Nos leemosss