domingo, 21 de agosto de 2011













Homenaje a José


Zidane vos jugabas al fútbol como un conocido mío

del barrio que se llamaba José

y que era sordomudo y que siempre

estaba parado en la puerta de la canchita

donde jugábamos cuando éramos pibes

con los muchachos

y nadie sabía de dónde era este José ni cuántos años tenía

o qué hacía de su vida cuando no jugaba con nosotros

pero sí que se llamaba José porque una tarde

el dueño del club nos los dijo, que se llamaba

José y que era sordomudo y que la re movía

y a nosotros nos faltaba uno así que le chiflamos,

che gil, es sordo, qué le chiflás, pescado, andá a buscarlo,

y José esa tarde jugó al fútbol con nosotros,

para nosotros,

un misterio cómo se ubicaba en la cancha

sin perder el equilibrio,

flaquito, pelo largo, bastante alto, cara de

ganso,

tenía pegadas las puntas de los botines con cinta

scotch y una casaca

de Chaca toda despintada,

zarpado, José, cómo jugabas,

te plantaste en la mitad de la cancha, ya de entrada

la pediste aplaudiendo y te la dimos a ver qué onda

con vos pocahontas

y vos levantaste la cabeza y nos miraste

y pum, a amasar la bocha, con la mirada distraída,

parecía que no estabas ahí, o que la tenías

pero como pensando en mamá, en tu novia

en la coca, o en la birra, tenías

una mirada perdida

de sordo pensante enamorado de la vibra

de los colores y las luces, y del tacto

de tus pies mansos mientras coqueteabas con la bocha,

y te iban con lástima, al principio, los del otro equipo

pero después ya te iban a buscar con saña,

por atrás, con la gamba a la altura de tu espalda

y no había forma, primero para un lado, después

para el otro, no había forma, los cristianos

seguían siempre de largo por el piso,

estabas como medio segundo adelantado

en el tiempo nebuloso y chorreante del partido,

adivinabas nuestros movimientos, sabías

para dónde íbamos antes de que lo supiéramos nosotros,

correcaminos de mierda, la bocha

era una prolongación de tu cuerpo en el espacio,

te parabas en la mitad de la cancha y dirigías

como un árbitro el destino de la banda

que coordinabas con la sola pulsión

de tu zurda autoritaria,

nos enseñabas a tratar a la bocha con amor y con respeto,

era el amor la bocha y vos no la buscabas nunca;

fluía, flotaba; más bien la bocha te encontraba.

Nada más que cuando el partido terminaba

el flaco se transformaba, se encorvaba, perdía

el porte de galán de teatro que ofendía,

se volvía una cosa asustadiza, tímida,

se iba apurado al trotecito y nunca saludaba

y cuando lo cruzábamos por la vereda lo mismo,

se enamoraba del piso y te esquivaba.

Hasta que una tarde dejó de aparecer, de un día

para el otro dejó de estar José

parado en la puerta de la canchita con su mambo

y nosotros tardamos varios sábados

en darnos cuenta de eso, recién

cuando faltó uno y lo buscamos

y José no estaba ahí

con las manos

colgadas del alambrado

mirando cómo jugábamos,

y al otro sábado tampoco, y tampoco

al otro, José ya no venía,

ya no vino, ya no volvió

a patear y a ordenar a la manada

de vacas atadas que éramos los sábados,

director de orquesta que humillaba

y deleitaba a compañeros y rivales por igual.

Bueno,

de ese pibe me acuerdo

cada vez que veo un video de Zinedine Zidane.





2 comentarios:

Rodro dijo...

Querido Tías!

Citando a il maffiosso, diré; "es un buen momento" tu verso!!

Que felicidad la de ver a los Messi barriales!! tanto fuerte como la que producen los profesionales...

Abrazo de gol!!!

y a ver cuando, a ver cuando
vamos a petear!

Un desvarío por jueves dijo...

grande rodroo !

el fútbol precisa de pájaros voladores como la colorada tierra flotante catamarqueña !

maileá chabónn