jueves, 8 de septiembre de 2011


Mar


Cuando tenía
cuatro años
mamá me llevó
a conocer a papá.
En la playa, a un costado
de los acantilados,
habia un árbol.
Una soga
atada a una de las ramas
bailaba
con el viento.
Era un día de sol
que me gustaba.
Papá tomó solo
hasta toser sangre
y morirse.

A los treinta vuelvo.
Ya no le digo papá
a su recuerdo.
Ahora papá
es mi viejo.
El árbol
con la soga
sigue ahí.
Mi viejo tenía los ojos hundidos y me dijo:
El tiempo
no pasa nunca.
Nunca.
Mi mujer
me mira sin hablar
y después nos quedamos mirando las olas
de la mano.

 


4 comentarios:

A girl called María dijo...

qué hermoso, realmente hermoso.

Pablo dijo...

grande, ezequiel. cargadísimo el poema, se siente.

Un desvarío por jueves dijo...

gracias por leer che !

Humberto Dib dijo...

Un texto potente, me llegó...
Abrazos.
HD