miércoles, 26 de octubre de 2011



Ciudad

En la vereda de la avenida
llena de gente
se ve de todo esta tarde
mientras paso escuchando música
en mi celular.

Hay tantas especies de animales
en la naturaleza
como especies de hombres
y mujeres
en esta calle.

La ropa. Los rasgos. La forma
de hablar.

Ese oficinista
que usa la palabra
fantástico.
Esa rubia
de plata bronceada palermitana
que pasa autista inundando
la esquina de su aroma
a otro idioma.
Y el aroma del mendigo
aplastado en la vereda
con el pensamiento también a su vez 
aplastado
en una gramática
de agua dura que se le deshace
entre las grietas del cuerpo.

Es como un zoológico a la intemperie
del azar; yo voy y contra mi voluntad veo
los carteles que rezan
a los pies de cada ejemplar
el nombre de una especie en general.

Me pregunto cómo hacer
para regalarle
virginidad a mis ojos.

Ver cuerpos, animales
y no adjetivos.
Ver nada. Nadie. 
Ver el azar.

Mi vecina siempre le da de comer a un perro
con sarna que apareció tirado una tarde
en la esquina de la cuadra de mi casa.

El mendigo es un perro que puede morirse
varios días seguidos
antes de que lo venga
la policía a levantar.

Era así, y no me lo pregunto; pero
cuando aparezcas vos, amor
mío, yo quiero tener una mirada
que solamente vea tu nombre
y gracias a tu nombre
más.

Que tu nombre haga un agujero
en la multitud
y me deje ver desde ahí
los cuerpos de las personas flotando
en el agua del mundo
como los peces que ahora hay nadando
en el fondo del mar.



5 comentarios:

victoria dijo...

una belleza de poema!
feliz primavera de amor!!

Un desvarío por jueves dijo...

euu, igual para ud.!

Rodro dijo...

SEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE
seresessssseeeeeeeeeeee

El Edu dijo...

"Me pregunto cómo hacer
para regalarle
virginidad a mis ojos"

qué hermoso! qué bello poema!
Siento la felicidad instantánea de haber leído algo poderoso...

Un desvarío por jueves dijo...

gracias por leer Edu !

Grande rodro