jueves, 3 de noviembre de 2011




Seguimos con la movida entrerriana


"... eso de producir fogonazos en la mente no conviene, es un tanto peligroso para la salud tomar significados muy distantes, juntarlos y hacerlos reventar en el intelecto, después te duele la cabeza y el lenguaje, al fin, arrastra enfermedades que va depositando en el cerebro en forma de sarro-canción, estallidos de las sinestesias de todos estos años de trabajo."



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"Métodos para la danza

Guadalupe, Gustavo
estoy agitando un paraíso
en el patio
de mi casa.

Crecerá y dentro de
quinientos años
hablaremos y tomaremos
adentro de la sombra."



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"Lamborgiano

Al volver cansado a mi casa
escucho a las busconas de Moreno,
putas de risa horrible,
que trabajan en invierno cagándose de frío.
Y al pasar cerca de ellas me atraviesa el perfume
venenoso que se untan.
Mi vida no puede continuar de esta manera,
pero continuará; cuando era chico quería ser
el que soy, y estaba contento.
Ahora ya soy el que soñé y el perfume
venenoso de las busconas me empuja
al fondo de mi casa, a pensar en el niño
que quería ser el que soy en este momento."





(El primero, fragmento de "Durán, deberías estar escribiendo...". El segundo poema ya tiene el título ahí. Lo mismo el tercero. Los tres textos están en el libro El estado y él se amaron, de Daniel Durand. Y debo decir: me pasó algo muy raro con este libro. Lo lei al mismo tiempo que Entrerrianos, de Damián Ríos -o digamos en la misma semana-, y las dos voces se me mezclaban. Leía el libro de uno pensando que estaba leyendo el del otro, hasta que se me pasaba la confusión y me daba cuenta, y así. Los dos libros son como hermanos mellizos, o como ese par de amigos que se conocen desde hace años y pueden mirar el piso sin hablar adentro de la espuma de una sola borrachera. Son tipos que escriben como si no supieran escribir, o como si no supieran escribir a la manera del lenguaje literario estándar; pero hay que fijarse nada más en el laburo que hacen con la sintaxis por abajo del tono coloquial para notar la mochila llena de kilos y kilos de literatura que los dos tienen encima.) 





5 comentarios:

amiga amema dijo...

Sí, esa falsa espontaneidad la podés oler en una generación de poetas a la redonda, es el olor de la frontera cultural.
La afectación literaria construye un artificio viejo, con otro olor, menos rancio. Es como una colonia barata que te regalaron para navidad.
Si no oles rancio, nadie te lee, o te leen en Puan

Un desvarío por jueves dijo...

Epa, interesante.
Igual ojo, lo que más se lee justamente es lo literariamente afectado, lo que no tiene olor a rancio, como decís (género policial, por ejemplo).
Y lo de falsa espontaneidad, bueno, es una definición del buen arte en general. Simular la naturalidad debe ser de lo más complejo; Ríos y Durand salen airosos.

amiga amema dijo...

A los simuladores les pongo una estrellita, o dos

Un desvarío por jueves dijo...

jaja, crítica severa !

Humberto Dib dijo...

Dos cosas:
1. De los tres momentos que subiste, me gustó más el primero, pues la poesía no es santo de mi devoción, muchas veces lo dije.

2. ¿Quién puede decir que no sea afectado o que no sea falsamente espontáneo? Sí, posiblemente un tipo de literatura así se encuentre en un taller de escritura del Borda o del Moyano, producida por personas que están más o menos desatadas de los cánones del lenguaje, todo lo demás tiene más o menos olor a colonia barata, o a Kenzo, que es aún peor.
Levantar la mano para criticar es una actitud de un facilismo que me apabulla... Sea en Puan o en la cola para ver a Dolina.
Un abrazo.
HD