domingo, 4 de diciembre de 2011



La mejor patada de la historia del fútbol






A veces me pregunto -jamás me lo pregunto, pero me parece un buen pie-, si el fútbol hubiera existido en el Renacimiento, a Miguel Ángel o a Da Vinci, por dar dos ejemplos célebres, ¿se les habría ocurrido pintar una escena tan dramática y anatómicamente compleja como la que protagonizaron Krupoviesa y Montenegro ese lejano 26 de marzo del año 2006? ¿Habrían podido visualizar una patada de semejante preciosismo estético?

La plasticidad de la pierna estirada, dividiendo la composición en diagonal. La rodilla en el piso, asentando el movimiento de los cuerpos involucrados en el impacto a un punto fijo. Y los brazos elevados del tucumano, sugiriendo en la perspectiva una línea de fuga hacia el cielo. Todos estos elementos confluyen a la hora de generar una escena única en la historia del fútbol.

La patada de Krupoviesa es la prueba más cabal del amor por la pelota. La prueba de la violencia despiadada y ciega que es capaz de ejercer un hombre al momento de defender ese amor.

Hoy Boca salió campeón después de tres años. Y estoy feliz. Orgulloso de lo que Boca transmite, de lo que en la cancha deja el equipo. Yo los domingos cuando los veo a los tipos que se tiran al piso casi sin aire, pero todavía con sangre, todavía con corazón, sin vacilar, sin rendirse nunca, me digo: Yo quiero jugar en la vida así.

Yo quiero correr hasta que me duela el cuerpo, hasta tragar sangre en el cuello, para después poder volver a casa y decirle a mi almohada: Yo hoy me sacrifiqué. Yo hoy hice bien lo que vine a hacer al mundo. Di todo lo que podía de mí.





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