sábado, 30 de junio de 2012



La mancha

Te rechacé
para no parecerme a vos.

Abrí la puerta y me fui
mirando baldosas
con las manos 
en los bolsillos
apretadas así
con los dedos
contra la palma
sin nada 
que guardar 
adentro.

Y al otro día
estaba ahí
sin que yo
lo hubiera previsto: una mancha 
nueva
en mi cara,
una fiesta
diferente en los ojos
que abajo la boca
acompañaba
torciendo a un lado 
los labios.

Hoy la gente la ve
y se piensa que esta mancha
en mi cara
me caracteriza.
Que es lo que me hace 
ser quien soy.

Pero ellos
porque no te conocieron
no saben
que es
tuya;
que cuando me alejé de vos
esta mancha fue 
lo único que me quedó.





jueves, 21 de junio de 2012


A lucas






La bocha queda boyando contra el lateral.
Mientras salto siento que un músculo titila.
Soy una sopa de sangre, sudor y pensamiento.
Mis órganos se van raspando
ahora que fuerzo al límite
la sintaxis de mis huesos.
Sé que no debería amar
aquello de lo que estoy enamorado.
Debería amar a lo que llega
sin espejitos de colores ni bombas de humo.
La grafía del orto dibujada en tu cuerpo
que se estira luchando hasta el último segundo
es lo que debería amar cuando te veo, ¿no?
Pero igual somos felices, ¿no?
Pertenezco a mi clase.
Y los trilingües de todas las razas van a tener que arrodillarse.
La lucidez te puede llegar leyendo o pensando con las piernas abiertas
sobre el inodoro
o en un instante de odio al cuerpo, de lucidez
fatal.
Sé que no llego, pero voy
a tener que llegar.
Esa bocha va a ser mía.
Todos los años que viví me empujan.
Todas las cosas que pasé. Que inventé. Que me creí.
No quiero que lo pierdas de vista.
¿Ves? Está ahí, bicho. Es tuya.
Vos sos tu único enemigo.
Hay una violencia interna que crece con la gramática contenida.
El jugador que contiene el caño y la explosión.
Seamos tiempistas y miremos el plano que se abre ante tus ojos.
No ames aquello
de lo que estás enamorado.
Amá el bondi, tus nudillos, el tiro.
Amá el sacrificio y a tus amigos, y el hambre y el calambre.
Rompé todo,
Lucas, rompé.
Que la vida no se termina nunca.
Dale con bronca a la bocha y al rival que esta tarde es tu hermano.
Tu hermano para siempre en este juego de los siglos de los siglos.
Hasta el fondo, que es tuya, que grite, que duela.
Empapado del idioma de tus pies y de tus hombros y tu hambre.
Así, como te enseñó la suerte con que tu madre te bendijo.
Que no te dé vergüenza que tu vergüenza se note,
y que parezca fingida.
Porque quizás sea fingida, vos rompé, rompé todo
en el ensueño del idioma.
Y después de eso, pibe, bailá, sí,
bailá cumbia
como lo hiciste en el Amsterdam Arena
sin tiempo para el tango ahora
porque el tango es una elección
que no existe si estás jugando al fútbol
y no hay un plato de comida en tu mesa.




martes, 19 de junio de 2012

Recién

Las baldosas
manchadas
del sol que se cuela
por entre las hojas
de la parra
a la hora de la siesta.

Yo
sentado
en un banco
del patio
mirando
baldosas.

Debía tener
seis, siete años
y no sé en qué pensaba
o me preocupaba
esa tarde.

Puedo ver su imagen
pero no entrar
a sus pensamientos.

¿En qué
pensaba yo
hace
cinco
minutos?

jueves, 14 de junio de 2012


Despertándote

Aunque no se note
a primera vista
atrás
del movimiento de mi mano
a las tres de la madrugada
de este sábado
de frío
glacial
hay casi treinta
años
de cosas
que alguna vez
tocaron mis manos,
infinitos hombros
que antes que los tuyos
apretaron mis ojos;
toda una vida
de lámparas madrugadas techos;
y de mujeres;
de mujeres que de espaldas
a mí
yo vi durmiendo
en la oscuridad;
mi abuela
una siesta de febrero
el ventilador encendido
las persianas bajas
acostada
con una mano en el cuello
abajo de las sábanas,
o mi prima
en el asiento de atrás
de una camioneta a un lado
de una noche en el campo
cuando mis tíos a los once años
me llevaron a conocer el mar,
o mi amiga
de la facultad esa noche
esa
la cerveza transpirando 
gotas calientes como besos; la lluvia
que en el techo
no dejaba
de golpear y golpear; 
todo eso, digo, 
todo
lo que ahora me empuja
en la memoria
de mi mano, de mis ojos
y mis brazos;
clavado en la memoria
de mi amor y de mi
cuerpo
mientras estiro
una mano
hacia tu hombro
fino
inmóvil y
azulado
en la oscuridad.