martes, 21 de agosto de 2012




Neruda

El tupper de la crítica y la academia en general menosprecian los poemas juveniles de Neruda. Incluso Bolaño (o su alter ego) llegó a decir de esos poemas que resultan "involuntariamente cómicos". Pero hay dos rasgos que a mi ver hablan muy bien de los trabajos de Veinte poemas...: primero, la sencillez sin simpleza, el elemento cursi que hace al discurso amoroso reelaborado a través del trabajo con la sintaxis, y segundo -y sobre todo-, la ondulación cadenciosa del sonido, la respiración que armoniosamente sube y baja en cada línea, al punto de que uno mientras lo lee puede absorber el poema como si fuera un marino trepado a la proa de un barco.

Estos dos rasgos de escritura, bien latentes en todo el libro, conjugados a su vez con las prepotentes imágenes que elige Neruda (pájaros picoteando racimos que arden sobre tumbas, por ejemplo) tienen la facultad de imprimir el verso en el cuerpo, de insuflarlo en la memoria del cuerpo, enriqueciendo mientras lo hace su sensibilidad, y ese es el único motivo que yo encuentro por el que vale la pena leer. Neruda escribió estos poemas cuando tenía veinte años. 



Fragmento de "Una canción desesperada":

"[...] Hice retroceder la muralla de sombra,
anduve más allá del deseo y del acto.

Oh, carne mía, mujer que amé y perdí,
a ti en esta hora húmeda, evoco y hago canto.

Como un vaso albergaste la infinita ternura,
y el infinito olvido te trizó como a un vaso.

Era la negra, negra soledad de las islas,
y allí, mujer de amor, me acogieron tus brazos.

Era la sed y el hambre, y tu fuiste la fruta.
Era el duelo y las ruinas, y tu fuiste el milagro.

Ah, mujer, no sé cómo pudiste contenerme
en la tierra de tu alma, y en la cruz de tus brazos!

Mi deseo de ti fue el más terrible y corto,
el más revuelto y ebrio, el más tirante y ávido.

Cementerios de besos, aún hay fuego en tus tumbas,
aún los racimos arden picoteados de pájaros.

Oh la boca mordida, oh los besados miembros,
oh los hambrientos dientes, oh los cuerpos trenzados.

Oh la cópula loca de esperanza y esfuerzo
en que nos anudamos y nos desesperamos.

Y la ternura, leve como el agua y la harina.
Y la palabra apenas comenzada en los labios.

Ése fue mi destino y en él viajó mi anhelo,
y en él cayó mi anhelo, todo en ti fue naufragio!

Oh, sentina de escombros, en ti todo caía,
qué dolor no exprimiste, qué olas no te ahogaron!

De tumbo en tumbo aún llameaste y cantaste.
De pie como un marino en la proa de un barco.

Aún floreciste en cantos, aún rompiste en corrientes.
Oh sentina de escombros, pozo abierto y amargo [...]".





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