viernes, 25 de octubre de 2013


Depre


Depre. Depre. Sustancial e incomprendida
atmósfera crepuscular. De llanta prendida fuego. De humareda
de crin de caballo rebotando contra las paredes. Contra mí.
Quería descomponerte en tus pedazos con una razón y un sentido.
Detenerme en los eslabones que te unen.
Pero atrás de toda broma debe haber una broma mayor.
Un abismo lleno de verdín atrás
del sarcasmo puro
de tus ojos. Sola la muerte los quiere abrir. Así. Así. Depre de
almohada, de lana, de vidrio, de algodón. De boca. De ayer. De boca
cerrada de mujer. Depre de pliegue, de estación
de servicio sobre
la ruta, de reiteración.
De caja china dentro de otra
dentro de otra
dentro de otra
sin razón
dentro de otra.
Como caminar aplastando huevos
hasta la próxima consideración cuyo objeto no sea el estado de ánimo
presente y consecuente.
Depre de ojos, de aceite, de goma espuma, depre de dedo
índice sobre los ojos de espuma de goma llenos de aceite.
Y la dirección. Y la chance. Y lo acéfalo. Y el piso ondulante
de huellas claras en la clara y en la yema y en el fuego.
O en el huevo. O en el hueso.
El huesito que se rompe así, tá, así, con la yema, con la hora
sembrando para futuras oportunidades la gloria, o la discordia,
o la semejanza sonora, ocular, de crepitar, de atestar, de olvidar,
de ensordecer. De morder. Ígnea y digna y en cualquier caso
atorando, afectando, encegueciendo.
Depre de la fiesta y del vidrio y de la sed y la palabra.
Depre de agua sobre el crepúsculo aceitado de tu qué. De tu qué.
Depre de palabras que se olvidan. Depre de palabras.
Así. Que se recuerdan, que se olvidan. Así.
Que se olvidan dentro de un recuerdo mayor.
Atrás de la broma mayor de tus ojos
sobre el agua de la tarde que cae y se evapora y renueva
crepitando en el vidrio ocular, sensorial. Intemporal.
Detenerme en los eslabones que te unen.
Arrancarlos. Sopesarlos. Caja china dentro
de otra que no tiene razón ni por fuera ni por dentro
de su propia razón encerrada dentro de otra.
Espejo frente a espejo. Depre de madera, de marco, de humareda.
De persiana abierta hacia la siesta.
De boca olvidada de mujer.