sábado, 9 de agosto de 2014







Un sorbo de agua


Un vaso de agua.
Ellos mirándome.
Lo levanto, al vaso, poso
el borde del vidrio
sobre el borde de mis labios,
lo inclino,
el líquido
cae, cae, desciende
sobre mi lengua,
roza carne, dientes,
cómo es que todo va tan bien
y de repente de repente
el agua se equivoca
falla
y me arqueo
como si un puño inmenso
como si un puño inmenso
y me empujo
de la silla
en un solo
movimiento
rápido
y los ojos
se me vacían
se me vacían
lágrimas
y toso
y toso
toso
y el agua se salpica
a mi alrededor
en el piso
islas islas
mientras ellos
los mismos
ante los que me esforcé durante todos estos minutos
por demostrar seguridad y confianza y quizás
hasta cierta indiferencia
me miran como si yo fuera
un nene
de nuevo de ocho o de nueve
años
insuficiente, incompleto,
todavía desacostumbrado al choque
entre lo externo
y lo interno, entre la potencia
y el cuerpo; ellos, quiero decir,
mi madre mirándome
con los ojos lavados desde la silla
a un costado de la cama
y mi padre
derrumbado en la cama
un instante después
de haber querido decir
mi nombre.

De haber olvidado
mi nombre.

De preguntar: en qué
día estamos.

Es jueves, le contesté yo
mientras levantaba
el vaso de agua en la mano.






***







A punto de salir de la oficina

Piernas laten. Contra las sillas.
Pies en la inercia. Contra el suelo.
Mente que tic. Mente que tac.
Desaparecer. Cada
segundo de tu vida.
Que tic. Que tac.
Que late. Que cae.
El partido muerto.
Terminado. Catapultado
hacia la noche.
Máquina con corazón.
Con cuello. Con ojos.
El frenético tic del pie
hace tac tac
en el suelo.







***







Antes de que mi abuela se olvidara mi nombre


Qué comiste, le pregunté,
que no querés almorzar conmigo.
Ella entonces sonrió, y miró
la porción de pollo
que había en mi plato
y bajó los ojos luchando
con su lengua, con sus dientes,
con la forma de sus labios
y al final me señaló el pollo
que yo comía
y me dijo: ese animal. Un pedazo de ese animal
hace un rato.







***






Primer traspié

Mi madre una tarde
la palma de su mano
apoyó distraída
a todo lo largo de mi frente
antes de largarse a reír.
Dijo: Cuánta fantasía.
Y al día de hoy, lo juro,
que lo pienso y lo pienso y sigo sin poder entender
a qué se refería.






***






Tanto tiempo hermano

Si hoy me vieras Rauly
tomando cerveza en este bar
con esta gente
tan calmo y tan amable
como antes
tomaba una fresca con vos
y con los pibes
agitándola a lo loco
en la plaza Guemes
pienso
que abrirías un poco más los ojos
y me dirías:
pichón, tanto tiempo y seguís
pensando en mí todavía.







***







En la sala de espera del dentista

Nos van a lastimar.
Todos lo sabemos.
Pero leemos. Miramos.
Escuchamos.
Escribimos
mensajes de texto.
Los recibimos. Leemos.
Nos acomodamos.
Leemos más. Más
miramos. Hojas.
Pantallas. Caras.
Hebillas. Zapatos. Pechos.
Silencio. El que sigue. Silencio.
El que sigue.
Respeto. Ubicación.
Pero todos en el fondo sabemos
que nos van a lastimar.






***







Che peluquero

Che peluquero. Hoy somos un equipo.
Tu trabajo es muy importante para mí.
Mi desenvolvimiento social
a corto y por ende
a largo plazo depende
del grado de tu inspiración.
De que sepas tomar hoy
la decisión justa. Más acertada.
Más idónea para mi ventura
y mis propósitos.
No te exijo un estilo.
Te exijo el movimiento
que más se adecúe
a mi cabeza y a mis orejas y a mi cuello.
Yo a cambio te prometo
mi absoluta compañía y fidelidad.
Si querés no te hablo.
Si querés no me muevo.
Dependo mucho de vos
como para no hacerlo.
Porque quizás la chica
que es para mí
no se fije en mí
por vos. Por uno o dos centímetros
de desacierto. Consideralo. Todos
nos podemos equivocar.
Lo único que nos perjudicaría ahora
es que no hagas tu mayor esfuerzo.







***






Se estabiliza la Modernidad


Adónde iremos a parar.
Cada día somos más.
Hay islas desiertas.
Pero la gente hoy necesita de gente.
Ya no es fácil vivir de la tierra.
Empujaste al corral un ternero.
Y esta mañana en el vagón
hombres empujando hombres
sobre kilómetros y kilómetros de vías
de acero por la cual una nave virtual circula
todo hecha de hierro, de sangre y de metal.







***






Sin ella


Había fumado casi todo el día. La resaca me tenía desorientado. Sentía que después del presente nada bueno me iba a estar esperando. Así se me fueron la tarde, las ganas. Mirando partidos de la b. Hasta que cuando abrí los ojos afuera ya era de noche.

Me puse las zapatillas y una campera. Me guardé los puchos en el bolsillo. Apagué todas las luces de la casa. Después salí a caminar. Caminé hasta casi las once. Fumando. Pensando. De a ratos abajo de la luz de los postes. De a ratos solamente la brasa del pucho brillaba en la oscuridad.

Vi mujeres. Perros. Viejos. Taxis. Árboles. Semáforos. Vi a una mujer apoyando su bicicleta en la pared de una ferretería cerrada.

Volví a casa con la noche en los hombros. No podía asegurar qué era lo que sentía. No sabía si ya estaba metido en lo hondo de esa negrura que a la tarde se me había insinuado, o si lo que me pesaba era el cansancio de haber caminado tantas horas sin ir hacia ningún lugar.




***





A vos

Tardé.
Tardé mucho, sí; pero pude.
Ya está.
Te sobreviví.
Ya no se agrieta en mis pies la tierra
cuando esto que es estar despierto
y escuchando
y pensando y chocando y resistiendo
me acerca tu nombre, tu boca, tu
recuerdo.
No reniego jamás
de haber sido tu centro.
Fue todo cargar con vos. Todo.
Saber tu nombre.
Que vos desde tu distracción
supieras también el mío.
Dos perros aullando en el abismo.
Dónde perdí la infancia del amor.
Hasta que uno una mañana se levanta
y escucha las mismas canciones
que antes de que te murieras.
Y a mí ya no me importa haber tardado tanto.
Porque quizás lo rápido
no es lo mío.
Quizás yo solo una mañana me levanto
y tengo todo el sol pegado a los ojos
y sencillamente me felicito
a mí mismo
con orgullo
por haberte conocido.








***







Allá

Fue mi culpa lo de ayer.
Por todos lados calles
que no conocía.
Sin señalizar.
Callejones oscuros
y nadie
a quien preguntarle.
Y la función
que está por empezar.
Vamos a llegar.
Y si no llegamos.
No. Vamos
a llegar.
En ningún momento
se me ocurrió decirte
que no sabía
dónde estaba.
Solamente: allá.
Vamos
para allá.
Y vos
me mirabas
un segundo,
después
me agarrabas
de la mano
y seguías
hermosa
bajo los postes
de luz
trotando
conmigo.











Sobre Homero



"El día más triste de mi vida fue cuando me di cuenta de que podía vencer a mi padre". Es lo que Homero Simpson le dice a Marge, ambos recostados en la cama, en un capítulo viejo de los Simpsons. Yo me estaba haciendo un pati cuando la escuché a esta frase.

Me dije: la poesía es como la inspiración. Puede aparecer en cualquier momento. En cualquier lugar. No avisa.


**

Después de escuchar a Homero me puse a pensar: jamás leí a Homero (el poeta). E inmediatamente después: es emocionante la cantidad de libros que se escribieron después de él. La cantidad de literatura, de fantasía que la humanidad siguió engendrando después de él. Pensé: qué triste que Homero no haya podido escuchar esa frase de Homero Simpson. Porque estoy seguro de que podría haberse sentido identificado.

Las formas han cambiado, desde los griegos hasta ahora. Pero en su madera no han cambiado nada.


**

¿Homero Simpson? ¿Los griegos? ¿Humanidad? ¿Esto es un mal día?

Pienso: hace seis mil años un hombre se sentó y escribió la primera línea de la Odisea que hoy se puede comprar a diez pesos en cualquier librería. Seis mil años. Desde ese momento en que aquel hombre se sentó a escribir aquella primera línea, hasta el momento en que yo, mientras me hacía un pati, escuché la frase de Homero Simpson, seis mil años.

Moriré. No seré más que un guiño en el sueño de los otros. Esto es la posmodernidad.

La Odisea. Un pati. Los Simpsons.


**

Si Homero viviera hoy, y tuviera veinte años... ¿Tendría Twiter? ¿Tendría Facebook? 

¿Habría escrito La Odisea o, impelido por los seis mil años de decantación literaria, habría reducido el mamotreto -en consideración también a la paciencia y capacidad de atención del lector promedio actual- a sus palabras justas y necesarias?

La capacidad de concentración ha disminuido (por dios, ¿qué es este pretérito compuesto?).

Pienso: hoy los niños para masturbarse miran videos subidos a la red. A nosotros, los que rozamos los treinta, en su momento solo nos quedaba imaginar.

Deduzco: ha disminuido la capacidad de concentrarse, de imaginar, de erigir una imagen en la mente y aferrarse a ella.

No se trata ni siquiera de una cuestión generacional. Se trata de niños de los que nos diferencian apenas cinco o siete años.

Así de presurosos son los cambios hoy. 

El presente arrasa.


**

¿Cuando me di cuenta de que podía vencer a mi padre? Yo tenía diecinueve años. Estaba deprimido. Mi carácter era algo demasiado nuevo para mí.  

Entré drogado a casa y me puse a llorar. Mi padre, al así encontrarme, también se puso a llorar.

Nunca hasta ese momento yo lo había visto llorar. Basta de repetir esta palabra.

Ese día conocí la vulnerabilidad de mi padre. Supe que podía vencerlo.


**

Seis mil años. Homero no vio Los Simpsons. No vio jamás un televisor. No conoció la electricidad. Ni siquiera conoció sus libros.

Hoy los que gustan de los libros son una secta. Cada vez más escasa. Conozco a un tal Marcos. El tipo es un enfermo de los libros. Lee hasta abajo de la ducha. Me dijo la otra vez: hoy se imprimen cerca de un millón de libros al año. En un año. Hoy. Se imprimen más de los que se han impreso todo a lo largo de seis milenios. En un año. La humanidad entera escribe. ¿Qué hacer con tanta producción? ¿Cómo recortar? ¿Cómo no sentirse angustiado bajo la idea de que tal vez aquel libro no leído pudiera ser precisamente el destinado a uno?

Está escrito. Shakespeare no tuvo que leer a Stevenson. Stevenson no tuvo que leer a Borges. Borges no tuvo que leer a Cartarescu. Pero Cartarescu sí tuvo que leer a los anteriores tres.

La tradición crece, asciende de manera piramidal.

No se puede, sencillamente, leerlo todo. El que mucho abarca, poco aprieta.

El pasado pesa.

Hay que incendiar de nuevo la biblioteca de Alejandría, dice Marcos. Matar a los clásicos.

O Túa Pereda, Alfonso: "El conocimiento, en la época presocrática, cabía en la cabeza de los sabios de entonces. En el Renacimiento, una maleta conteniendo los compendios, las habituales Summas, sería suficiente para almacenar los conocimientos, ya más desarrollados, de esta brillante etapa del pensamiento humano. Pero hoy el conocimiento no cabe en ninguna cabeza ni en ninguna biblioteca: está en las bases de datos, y hay que saber buscarlo".


**

O vencer a los clásicos, como llega ese día en que uno puede vencer a su padre. No estamos hablando de mejorar. Estamos hablando de vencer.

¿Cuántas formas tiene la victoria? ¿El olvido es una de ellas? ¿La segregación?

¿La ignorancia?

¿Pero cómo se puede vencer al padre sin sentir a un tiempo derrotada una parte de uno?


**

Estoy pensando en cómo concluir este texto. Pero no se me ocurre ninguna manera. Quizás por el hecho de que no partí desde una premisa evidente. O quizás porque una de las licencias de lo fragmentario es la absoluta arbitrariedad de su conclusión.