sábado, 9 de agosto de 2014



Sobre Homero



"El día más triste de mi vida fue cuando me di cuenta de que podía vencer a mi padre". Es lo que Homero Simpson le dice a Marge, ambos recostados en la cama, en un capítulo viejo de los Simpsons. Yo me estaba haciendo un pati cuando la escuché a esta frase.

Me dije: la poesía es como la inspiración. Puede aparecer en cualquier momento. En cualquier lugar. No avisa.


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Después de escuchar a Homero me puse a pensar: jamás leí a Homero (el poeta). E inmediatamente después: es emocionante la cantidad de libros que se escribieron después de él. La cantidad de literatura, de fantasía que la humanidad siguió engendrando después de él. Pensé: qué triste que Homero no haya podido escuchar esa frase de Homero Simpson. Porque estoy seguro de que podría haberse sentido identificado.

Las formas han cambiado, desde los griegos hasta ahora. Pero en su madera no han cambiado nada.


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¿Homero Simpson? ¿Los griegos? ¿Humanidad? ¿Esto es un mal día?

Pienso: hace seis mil años un hombre se sentó y escribió la primera línea de la Odisea que hoy se puede comprar a diez pesos en cualquier librería. Seis mil años. Desde ese momento en que aquel hombre se sentó a escribir aquella primera línea, hasta el momento en que yo, mientras me hacía un pati, escuché la frase de Homero Simpson, seis mil años.

Moriré. No seré más que un guiño en el sueño de los otros. Esto es la posmodernidad.

La Odisea. Un pati. Los Simpsons.


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Si Homero viviera hoy, y tuviera veinte años... ¿Tendría Twiter? ¿Tendría Facebook? 

¿Habría escrito La Odisea o, impelido por los seis mil años de decantación literaria, habría reducido el mamotreto -en consideración también a la paciencia y capacidad de atención del lector promedio actual- a sus palabras justas y necesarias?

La capacidad de concentración ha disminuido (por dios, ¿qué es este pretérito compuesto?).

Pienso: hoy los niños para masturbarse miran videos subidos a la red. A nosotros, los que rozamos los treinta, en su momento solo nos quedaba imaginar.

Deduzco: ha disminuido la capacidad de concentrarse, de imaginar, de erigir una imagen en la mente y aferrarse a ella.

No se trata ni siquiera de una cuestión generacional. Se trata de niños de los que nos diferencian apenas cinco o siete años.

Así de presurosos son los cambios hoy. 

El presente arrasa.


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¿Cuando me di cuenta de que podía vencer a mi padre? Yo tenía diecinueve años. Estaba deprimido. Mi carácter era algo demasiado nuevo para mí.  

Entré drogado a casa y me puse a llorar. Mi padre, al así encontrarme, también se puso a llorar.

Nunca hasta ese momento yo lo había visto llorar. Basta de repetir esta palabra.

Ese día conocí la vulnerabilidad de mi padre. Supe que podía vencerlo.


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Seis mil años. Homero no vio Los Simpsons. No vio jamás un televisor. No conoció la electricidad. Ni siquiera conoció sus libros.

Hoy los que gustan de los libros son una secta. Cada vez más escasa. Conozco a un tal Marcos. El tipo es un enfermo de los libros. Lee hasta abajo de la ducha. Me dijo la otra vez: hoy se imprimen cerca de un millón de libros al año. En un año. Hoy. Se imprimen más de los que se han impreso todo a lo largo de seis milenios. En un año. La humanidad entera escribe. ¿Qué hacer con tanta producción? ¿Cómo recortar? ¿Cómo no sentirse angustiado bajo la idea de que tal vez aquel libro no leído pudiera ser precisamente el destinado a uno?

Está escrito. Shakespeare no tuvo que leer a Stevenson. Stevenson no tuvo que leer a Borges. Borges no tuvo que leer a Cartarescu. Pero Cartarescu sí tuvo que leer a los anteriores tres.

La tradición crece, asciende de manera piramidal.

No se puede, sencillamente, leerlo todo. El que mucho abarca, poco aprieta.

El pasado pesa.

Hay que incendiar de nuevo la biblioteca de Alejandría, dice Marcos. Matar a los clásicos.

O Túa Pereda, Alfonso: "El conocimiento, en la época presocrática, cabía en la cabeza de los sabios de entonces. En el Renacimiento, una maleta conteniendo los compendios, las habituales Summas, sería suficiente para almacenar los conocimientos, ya más desarrollados, de esta brillante etapa del pensamiento humano. Pero hoy el conocimiento no cabe en ninguna cabeza ni en ninguna biblioteca: está en las bases de datos, y hay que saber buscarlo".


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O vencer a los clásicos, como llega ese día en que uno puede vencer a su padre. No estamos hablando de mejorar. Estamos hablando de vencer.

¿Cuántas formas tiene la victoria? ¿El olvido es una de ellas? ¿La segregación?

¿La ignorancia?

¿Pero cómo se puede vencer al padre sin sentir a un tiempo derrotada una parte de uno?


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Estoy pensando en cómo concluir este texto. Pero no se me ocurre ninguna manera. Quizás por el hecho de que no partí desde una premisa evidente. O quizás porque una de las licencias de lo fragmentario es la absoluta arbitrariedad de su conclusión. 





      

1 comentario:

Denise Michat dijo...

Esto es sublime. Saludos, compa.