domingo, 9 de agosto de 2015




Intensamente posmoderna





Intensamente, de Pixar, es una película sobre la infancia pensada para adultos. Por eso se sugiere no llevar niños a verla. Más allá de algún gag esporádico, su edificio argumental no resiste la comprensión ni mucho menos la atención sostenida de un chico. Pero existe el prejuicio más que coherente de que los productos de esta corporación norteamericana son infantiles. Así que, en plenas vacaciones de invierno, tuve la precaución de ir a verla bien tarde y subtitulada para esquivar a esa plaga inquietante que son siempre los niños ajenos, sobre todo en las salas de cine.

Desde el comienzo la película nos sitúa en la mente de Riley, una niña de once años que por el nuevo trabajo de su padre debe mudarse de Minessota a San Francisco. Las escenas en las que ella aparece desde su nacimiento interactuando con el mundo real coexisten a la vez con las que se nos muestran de su interioridad: personajes que representan sus emociones (vgr., Alegría, Miedo, Desagrado, Tristeza -siendo este último quizás uno de los más logrados del cine de la animación-) luchan entre sí por imponer su modo de ver el mundo, y de esta batalla es que luego se desprende la reacción de Riley allá afuera.

En su ingeniería narrativa, Intensamente parece pariente política de Quieres ser John Malkovich. Escrita por Charlie Kaufman (autor de El ladrón de orquídeas y Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, entre otras), en esta película los personajes que protagonizan las acciones no representan entidades de carne y hueso, sino proyecciones internas de John Malkovich. Como el título mismo lo reza, todos los personajes que acceden a su mente son en realidad él, manifestaciones de su universo psíquico. Pero mientras que en Quieres ser… el procedimiento se presenta apenas sugerido, disfrazado por “las astucias de la poesía” (el túnel que lleva a su mente, por ejemplo, se oculta tras un armario), en Intensamente se vuelve explícito, se nos expone de forma casi pedagógica.   

Si, como dicen, el arte siempre está un paso por delante de la ciencia, gracias a películas como Quieres ser John Malkovich puede hoy haber otras como Intensamente. Ya es la ciencia, en el caso de esta última, la que sostiene el argumento de lo que en películas como la primera llega solo en forma de insinuación: el derrumbe definitivo del concepto del Yo. El máximo cimiento filosófico de la Modernidad aparece en la película de Pixar fracturado por el nuevo modelo de sujeto que establece la neurociencia cognitiva, una de las corrientes gracias a las cuales puede explicarse el porqué de que muchos de los principios del psicoanálisis en la actualidad sean (salvo en Argentina y en Francia) considerados perimidos.

No podemos racionalizar las decisiones que tomamos. Mientras que el desglose psicoanalítico de las conductas humanas se basa en estructuras abstractas, de matriz literaria, que niegan la influencia de factores genéticos y neurobiológicos en nuestro comportamiento, la neurociencia cognitiva por el contrario señala que lo que las determina son fuerzas electro-magnéticas en las redes neuronales de nuestra corteza cerebral, fuerzas vulgarmente conocidas como “emociones”. 

La emoción es el caballito de batalla de la neurociencia cognitiva: esta le adjudica una función más pragmática que la del positivismo freudiano. La emoción, denuncia, lo gobierna todo. Y la racionalización de su proceso despótico siempre es posterior. La emoción dicta qué recordamos y qué olvidamos; jerarquiza, de forma continua, pero fundamentalmente mientras dormimos, ciertos recuerdos en detrimento de otros. Y sobre la base de qué recordamos y qué olvidamos es que después decidimos actuar de tal forma u otra, subyugados por la llamada memoria emotiva o, como dicen los poetas, "la memoria del cuerpo".

Todo esto está en Intensamente. Cada uno de los actos de Riley es efecto de una pugna neurobiológica entre los personajes que personifican sus emociones. El escenario simbólico es su aparato psíquico, espacio cuyo paisaje ya no consiste en la proverbial trilogía cristiana del Súper yo, el Yo y el Ello, sino en un cableado neuronal que para funcionar correctamente depende del efluvio eléctrico que las emociones de Riley controlan. 

Así su personalidad se estructura en cinco islas (o facetas) alimentadas por cinco recuerdos vertebrales. Será Alegría quien luche por predominar y mantener a flote esta arquitectura, gracias a cuya base Riley puede sostener frente a la adversidad su actitud tan conmovedora como positiva.

Pero de a poco vemos cómo la protagonista se vence, al mismo tiempo que el personaje de Tristeza vence al de Alegría. Ambas terminan naufragando en la memoria a largo plazo de Riley, lo cual coincide con el distanciamiento que experimenta la niña respecto del entorno y sobre todo de sí misma. Alegría y Tristeza entran entonces en contacto con recuerdos olvidados, con monstruos del subconsciente, con el pensamiento abstracto, con los delirios de la imaginación, dejando el control de la mente de Riley a Miedo, Desagrado, Furia.

Tal como vemos en Eterno resplandor de una mente sin recuerdos con Clementine y Joel, un personaje arrastra al otro a sectores vírgenes de la memoria mientras el personaje central que los contiene duerme la rosa del sueño ajeno a la escandalosa ebullición neuronal de su cerebro.

Es en este sentido que no hay que dejarse engañar por la impronta infantil de los personajes de Intensamente: alcanza con hacer a un lado la estética Pixar para observar la orgía conceptual que los infla. Y, sobre todo, esa puntería quirúrgica para bajar a tierra el credo de toda una disciplina: no solo se personifican a través de dibujitos animados entidades esencialmente abstractas, sino también esta visualización comulga con las reacciones de la protagonista en una historia que es, bien mirada, simplísima.

El aparato capaz de construir este artificio, entre director, guionistas, dibujantes y actores de voz, costó más de ciento setenta y cinco millones de dólares.

Yo pagué mi entrada y no tengo nada que decir al respecto.




2 comentarios:

oh nikita dijo...


totalmente de acuerdo con la reseña, es más, mi hijo más chico estaba un poco embolado hacia el final de la película, y yo, entretenida a full!

Otra reseña pendiente es sobre Pixels, otra peli que realmente no es para los niños de esta generación sino para esos que en el '82 íbamos a las maquinistas, y el personaje eternamente looser que es siempre el mismo que hace Adam Sandler, salvando al mundo mientras juega al Pac Man, es una metáfora que no la pueden entender ni los más chicos, ni los más viejos, jeje!
bueno ya me metí a hablar de más!!

Un desvarío por jueves dijo...

esta para verla