miércoles, 30 de marzo de 2016




Penumbra de la fiesta

A veces sueño con ella. 
Pienso: Debería conocerla.
Pero abro los ojos
con el calor de su lengua
y ya no está.
No está su verano. 
No están las manchas vírgenes 
de las hojas de los árboles
latiendo en las cortinas 
de la ventana de mi pieza.
No está el ruido de la fiesta y de la sidra.
No está la mansedumbre aciaga de mi abuelo provinciano.
No.
Su chispa encendida de alcohol y de desvelo.
Su bronca brotando de la lava de la tierra.
No está la mujer que perdió para siempre
y que derivó de su sangre y de sus sueños
hacia la resaca en penumbras de mi siesta.





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